Romper el pacto de silencio

Publicado marzo 12, 2010 por mataratuspadres
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¿Cómo empezar? Ayer tuve mi sesión de terapia allá por Belgrano. Victorio me atiende desde hace 10 meses y esta ha sido, por varias razones, la etapa más liberadora de mi vida. Estoy pasando por un proceso de desprendimiento de base. De base digo, porque me estoy desprendiendo de mis padres. Ayer Victorio me dijo: “¿Porqué no escribís un Blog?”.

Existen muchos casos donde los padres son amorosos y dignos de admiración. Conozco a varios de ellos y es un honor para mí poder tener una excelente relación con esas personas. Pero del caso que estoy hablado, aplica al caso de todos los padres que han repetido o generado con sus hijos, historias de violencia verbal, maltrato psicológico, desvalorización constante, desintegración de la moral y otras cosas más. Bueno es una historia larga que quiero desarrollar acá. Como un descargo, como una forma de compartir lo que alguna vez sentí y todos los revivo en sensaciones.

Lo que voy a redactar, lo voy a hacer en primera persona. Quien lo va a redactar, va a ser la persona que en ese tiempo lo sufrió. Va a hablar mi niño, redactado como niño. Quiero que aquí queden plasmadas mis emociones sentidas tal cual en ese momento. Sin mentalización ni racionalización de adulto. Voy a intentar filtrar lo menos posible lo que percibí en ese momento. Es un proceso algo doloroso pero liberador.

El orden quizá no sea cronológico porque los recuerdos me van viniendo de a poco y de manera desordenada.

Hoy tengo 27 años y necesito liberarme de esta mochila. Encontré a mi verdadero ser y quiero seguir adelante. Esta vez, livianito.

Gracias
NiMo

Faltaba la sal

Publicado marzo 12, 2010 por mataratuspadres
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Cada vez que tengo que preparar la mesa es horrible. Me pongo muy nervioso porque no sé en qué momento me estoy equivocando. No sé porque me olvido todo el tiempo de las cosas que hacen falta. Siento miedo a que mi papá se enoje conmigo por cualquier cosa. Ayer puse la mesa y faltaba la sal.

No me dí cuenta, conté que había puesto el sifón Drago cargado con agua, la garrafa, los condimentos, el pan, el agua, el vino, los platos, los cuchillos y tenedores, las galletitas, las sobras del día anterior y la comida. No me dí cuenta que faltaba la sal. Cuando mi papá se sentó a comer y quiso la sal preguntó “¿Dónde está la sal?” y ahí me dí cuenta que no estaba. Juro que había tratado de contar todas las cosas que siempre estaban en la mesa pero faltaba la sal. Se levantó gritando “Son todos uno inútiles!!! No pueden ni poner bien la mesa! En esta casa tengo que hacer todo yo. Ustedes no sirven para nada!!! ¿Como hacen para ser tan pelotudos todo el día!!?”. Mientras gritaba tenía toda la cara colorada y respiraba muy agitado. Yo sentía miedo de que le pasara algo malo. Caminaba muy rápido hasta donde estaba la sal. Golpeó la puerta del mueble de la cocina cuando la cerró y seguía gritándonos cosas que ahora no me acuerdo. Volvió a la mesa y se sentó.

Seguía colorado y movía las manos de manera violenta. Decía palabras que a veces no se le entendían bien. Se notaba que estaba muy enojado y yo sentía mucho miedo. Me sentía un inútil por no haberme dado cuenta que falaba la sal. ¿¡Cómo yo podía ser tan inútil de no haberme dado cuenta!? Sentía culpa porque mis hermanas estaban con la cabeza para abajo mirando el suelo, con los brazos caídos y no comían nada. Mi mamá se levantó de la mesa y se fué para la habitación llorando. Yo había generado toda esa situación. Nos tuvimos que quedar sentados esperando que algo pasara. Estaba paralizado y no podía hablar. Tenía mucho miedo de que mi papá se enojara conmigo de nuevo, si se enteraba que yo había puesto la mesa.

No podía hablar, no me salían palabras de la boca. Quería pensar en algo para que la situación se terminara pero no me aparecían ideas. No podía pensar en nada.

Me miró y me dijo “¿Qué pasa que no comés? Comé! dale!”. No tenía hambre pero igualmente agarré algo con el tenedor. Sentía que no podía comer nada. Me temblaba la panza. Comí algo para tratar de calmar a mi papá para que no me pegara. Tenía muchas ganas de llorar pero no podía. Si lloraba mi papá se enojaba más. Mi heramana menor tiene 6 años (yo tengo 8), se llama Micha. Empezó a llorar y mi papá le preguntó “¿Porqué llorás? No se puede decir nada en esta casa!! Todo el mundo es muy sensible acá. Tu mamá se fué! Cuál es el problema, porqué no comés!!? Coman!!” y me miró a mí “Dale, vos comé y dejate de joder!!!”.

Era todo mi culpa, faltaba la sal.

NiMo


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